Los chiringuitos encaran un nuevo verano sin resolver su galimatías legal

Alrededor de doscientos empresarios esperan la resolución de la Junta, que estudia los informes.
No hay tregua para los chiringuitos. Ni siquiera ahora, cuando el sol vuelve a refulgir y las terrazas se llenan de clientes. Un año más, y ya va más de una década, los empresarios inician el verano con la inquietud de no tener sus papeles en regla. Y la realidad es tozuda. Un lustro después de las protestas, y a pesar del trasvase de competencias, que obran en poder de la Junta de Andalucía, aunque con potestades también para los ayuntamientos y la Demarcación de Costas, el conflicto sigue sin resolverse. Y afecta a casi la mitad de los establecimientos abiertos en Málaga.

Norberto del Castillo, presidente andaluz del colectivo, se muestra escéptico y no cree que haya grandes novedades en las próximas semanas. Entre octubre y abril de este curso, detalla, los chiringuitos han hecho lo que se les demandaba para ajustarse a los cambios legislativos. La documentación y la solicitud de renovación de las concesiones ha sido remitida a la Administración autonómica, que tendrá que resolver sobre la la legalidad de cada una de las propuestas. La presidenta en funciones de la Junta, Susana Díaz, se ha comprometido a acelerar los trámites y devolver la paz al sector antes de que se consuma la primavera. Entre los empresarios, sin embargo, son pocos los que esperan un desenlace tan favorable para sus intereses. Sobre todo, por las urgencias de la temporada, atestada de citas electorales.
Para Norberto lo más probable es que el estudio técnico se prolongue hasta el final del año. Eso significa que los establecimientos agotarán 2015 sin haber escapado del limbo legal al que fueron empujados por el cambio de criterio en la aplicación de la ley de costas. De acuerdo con su portavoz autonómico, son alrededor de doscientos los empresarios de la provincia que están pendientes de la resolución.
Aunque la situación no es tan embarazosa como la de hace cinco años, cuando comenzaron a multiplicarse las sanciones, los restauradores no ocultan su preocupación y, sobre todo, su cansancio. La falta de claridad jurídica se ha traducido en una sensación de provisionalidad que ha dado el traste con cualquier plan a medio y largo plazo para la reforma y planificación de la economía de los chiringuitos; muchos establecimientos esperan que se resuelva su concesión para ponerse al día y retomar proyectos de reforma y modernización que fueron aparcados indefinidamente en espera del certificado de legalidad.
Del Castillo habla de un clima enrarecido, con dudas de ida y vuelta que van más allá de la evaluación final de la Junta y que conciernen al conjunto de las administraciones. Los empresarios confían en que los próximos meses sean claves y culminen con la solución final a sus problemas. «Las autorizaciones son básicas para poder planificarnos y trabajar con serenidad», insistió.
La confusión normativa es la cara opaca de un inicio de temporada que parece mucho más dócil para los empresarios en aspectos como el que más directamente tiene que ver con el negocio: el de las facturas y la clientela. En este punto, de momento, todo son buenas noticias. La primavera ha arrancado con fuerza, atrayendo a más gente hacia las playas e instalada, salvo excepciones matutinas, en el buen tiempo. La Semana Santa ya resultó en este sentido una de las mejores de los últimos años. El sector, sin duda, parece haber recuperado el tono. Gracias, en gran medida, a la reactivación del turismo nacional, que suele componer, junto a vecinos y residentes, el grueso de los consumidores.
Con el embrollo legislativo todavía vigente, los chiringuitos empiezan, no obstante, a decir adiós a la crisis. Incluso, en el aspecto que más se resistía, el del consumo, que comienza a incrementarse. Los primeros fines de semana de la nueva temporada han servido para constatar el cambio de tendencia: los clientes no sólo siguen siendo fieles a los chiringuitos, sino que han recuperado la capacidad de desembolso. «Estamos viendo que la facturación vuelve poco a poco y las comidas dejan de ser tan escuetas como en los últimos años», reseña Del Castillo.